jueves, junio 29, 2006

EL LOCO DEL PUEBLO

Hoy he descubierto una historia que ha llamado mi atención y dado que a estas horas no estoy yo para buscar títulos muy buenos (ya sabéis, esos que dicen el máximo de la historia en el menor número de palabras posibles… o así me lo aprendí yo, que diría la oriental de noche Hache) lo he decidido titular como ‘El loco del pueblo’.

Trata de un loco que habitaba en un pueblecito perdido en algún lugar del norte de Catalunya. Dicho personaje pasaba las tardes sentado en un precipicio, mirando al horizonte y cada mañana contaba a todo aquel que quisiera oírle que un buen día (cuando se viera con las fuerzas suficientes) saltaría al vacío para intentar volar.

Obviamente, nadie le tomaba en serio, a fin de cuentas era el loco del pueblo y ya llevaba muchos años con ese mismo cuento; algunos hasta lo llegaron a comparar (medio en broma medio en serio) con el protagonista de L’Empordà.

Nada más lejos de la realidad, ni estava molt tocat per la Tramuntana, ni es volia suïcidar.

Y un buen día, se vio con fuerzas para saltar al vacío. Había llegado la hora y la noticia se esparció rápidamente por todo el pueblo. Alarmados corrieron en su busca y le encontraron en el mismo rincón de siempre, contemplando el horizonte que ese precipicio le regalaba. Dispuesto a intentar volar.

Fue entonces cuando todo el pueblecito se volcó con él, luchando por hacerle entrar en razón, pidiéndole que desistiera de semejante locura, que no se lanzara al vacío por algo que de sobras sabía no conseguiría: volar.

Pero todos sus intentos y esfuerzos no dieron fruto alguno. Fue entonces cuando decidieron ir en busca del más sabio de todo el pueblecito para que hablara con él. Para que le hiciera desistir. Y este, con toda su buena fe, se dirigió hasta donde permanecía el loco del pueblo, se sentó a su lado y habló con él.

Al principio la conversación no tenía relación alguna con las locas intenciones del hombre que quería volar, poco a poco fueron conociéndose, respetándose y disfrutando el uno de la conversación y de la compañía del otro. Finalmente el sabio le dijo:

- Hijo, ¿Realmente vas a saltar? ¿De verdad vale la pena arriesgar la vida por algo que no sabes si vas a conseguir?

- Sé que no lo voy a conseguir

- ¿Y entonces? ¿Por qué quieres saltar?

- No es porque volar valga la pena. Es porque intentarlo vale la pena. Lo consiga o no.

Hay un acantilado, en algún pueblecito del Norte de Catalunya, donde un hombre al que consideraban el loco del pueblo saltó al vacío y se mató.

Aún hoy en día, más de uno se pregunta al oír esta historia si realmente le valía la pena a ese loco arriesgar la vida por intentar volar.

Y aún hoy en día, los descendientes de aquel hombre sabio, cuando oyen semejantes dudas de la boca de otros, se repiten mentalmente las palabras de aquel loco: ‘le valía la pena intentarlo, aun a sabiendas de que no lo conseguiría’.